viernes, 22 de enero de 2010

EL CINE DE SERGIO CABRERA (PARTE II)


Por Francisco Ardiles


El tipo de cine neosocial que se inaugura con el trabajo de Sergio Cabrera a principios de los años noventa, anticipa una filmografía de carácter social en la que se mezclan elementos de la ficción y el periodismo de calle que le sirve de cojín a la crónica policial. Este es una propuesta en la que el cine latinoamericano es protagonista, puesto que en sus productos se condensa la potencialidad de los principios de la denuncia social, la poética polidiscursiva de collage fílmico y un montaje improvisado en el que se compactan todos los géneros de la narración.

En esta estilo renovado del cine latinoamericano se utilizan los mejores recursos del género periodístico, del video clip, del novo cine, del cine imperfecto y del tercer cine, para entremezclar los tonos y las miradas de la heterogeneidad social que nuestra cotidianeidad urbana.

El cine social, que es el género polidiscursivo, dialógico y polivisual del que se habla en este momento, supone en el caso de Sergio Cabrera, la representación de un colectivo, de una versión coral de la trama de los hechos sociales cargada con una buena dosis de momentos de humor. En esta variante filmográfica se refleja una zona de la realidad social colombiana que está sujeta a los rigores de la influencia movediza de unas circunstancias específicas. Hay historias fílmicas que se refieren al tema de violencia urbana en determinados contextos y por diferentes razones. Esa especificidad define el desarrollo de la trama. En este caso el tema de la violencia se genera por la especulación inmobililiaria de la que es víctima la gente pobre.

En el cine de Sergio Cabrera, la violencia puede ser ocasionada por la pobreza en los centros poblados de la urbe, por el hacinamiento en un centro de detención judicial, por los celos en un iluso terrateniente, por una medida arbitraria de desalojo, por las emociones generadas por los sueños, por los embates de la inseguridad, por los clamores de la justicia, por los intereses comerciales de la droga, por el negocio del asesinato por encargo, por las enfermedades mentales. Por distintas razones y asuntos.

En La estrategia de Caracol, hablamos del nuevo cine porque entendemos que gracias a este tipo de películas, el trabajo de algunos directores nacidos en el continente, volvió a ser valorado en los festivales internacionales a partir de las facultades de una cinematografía que impone un estilo de la creación audiovisual que se acerca a lo que Pier Paolo Pasolini llamo el cine poesía. Como se sabe este es un cine basado principalmente en la crítica personal a los principios de la tradición estética heredada y en la denuncia social paródica.

Este estilo puede ser irresoluto, en la medida en que simple y llanamente defiende una estética cinematográfica cuya principal característica es la negación diferencial del todos los principios de la creación heredados del pasado. Esta manera de hacer cine, en directores como Sergio Cabrera se traduce en la apropiación de la parodia como estrategia de la representación ficcional. En una Película como La Estrategia de Caracol, se evidencia una deliberada intencionalidad de explorar las posibilidades de la representación fallida, que es a fin de cuentas la táctica de la parodia.

Este nivel de ambigüedad nos habla de una manera de contar los hechos que se define por una marcada posición frente a la situación sociocultural de los países de Latinoamérica. En este caso se establece la situación comparativa que se desarrolla entre del parodiado y el parodiante. Apenas comienza la película podemos observar que un periodista llamado José Antonio Samper Pupú se dispone a hacer el reportaje de un desalojo que no entiende muy bien. Y no lo entiende muy bien porque no sabe absolutamente nada de desalojos. Este periodista es abordado por un vecino de la zona que se le acerca y le dice lo que seguidamente vamos a citar: “La serie de desalojos que han dejado sin techo a un montón de gente se deben, única y exclusivamente a dos motivos, primero, la injusticia de la justicia, y segundo, a la falta de estrategia de la clase inquilinal.” Al ser cuestionado sobre su identidad el desconocido de mala pinta, salido de las calles del anonimato urbano le responde: “Yo soy el famoso Gustavo Calle Isaza, el mismo que formó parte en la legendaria gesta del desalojo de la calle Uribe. Una luminosa enseñanza que todavía no ha sido debidamente iluminada.”

Toda parodia deriva alteración de los hechos, de una imitación mal ejecuta, de un malentendido ficcional que funciona en una situación narrativa que está basada en el juego, en la fractura humorística del lógico y consecuente devenir de los hechos del relato. En toda parodia se invierte el orden de los sucesos, o de las jerarquías para develar la comicidad de los hechos. Se exponen datos absurdos en innecesarios, o en su defecto, que no vienen al caso. La parodia es un pretexto para criticar la realidad que circunda al texto. Para hacerla suya y desmitificarla. Veamos estas otros datos que nos da el vecino iluminado del relato de Cabrera: “La casa Uribe tenía como vecina otra casa de inquilinato que se llamaba La Pajarera, y según documentos que engordan la burocracia, esas dos casas que sumaban 48 cuartos, 2 aljibes, 6 inodoros, como 5 patios, 34 ventanas, 41 puertas, 1200 metros lineales de madera y 14500 tejas francesas, pertenecían a un tal doctor Olguín, un tipo que jamás había vivido en esa casa”

Todas estas especificaciones nos anticipan los pormenores de una historia muy cómica. Hay en este gesto del vecino una trasgresión intencionada de las jerarquías, el deliberado trastrocamiento del orden de los hechos para poner en evidencia la relevancia de un determinado vicio de la realidad. En todo texto parodial se ataca indirectamente una situación extratextual, una situación contextual que remite a situaciones sociales concretas. En la Estrategia de Caracol se utiliza la táctica discursiva de darle voz y libertad de expresión a toda una coral de personajes, pintores, artistas, autodidactas de la abogacía, profesores desempleados, recolectores de basura, beatas, prostitutas y guerrilleros enconchados, cuya principal vocación es la crítica y la denuncia de aquellas situaciones irregulares que sin un poco de humor son imposibles de asimilar.

El relato se concentra en la casa Uribe, bueno en la tragedia de unos inquilinos que viven en esa casa y que por falta mejores condiciones laborares y residenciales, se resisten a obedecer una orden de desalojo dictada en su contra por un tribunal corrompido. En la desarrollo de esta histórica se nos cuenta las cientos de tácticas que idearon inquilinos de la casa para evitar la expulsión. Es así como los trazos del humor se desprenden de una injusticia social por la que se generan desigualdades trascendentales de carácter político-social.

Esta comedia coral se concentra en la validez incontestable de algunos tópicos que todavía develan las diferencias inconciliables entre ricos y pobres, la izquierda y la derecha, en esta enormidad de situaciones contrastantes en las que interviene la gente que vive en una sociedad.

ARIEL Y PROTEO SELECTO de JOSÉ ENRIQUE RODÓ


ARIEL Y PROTEO SELECTO (2007). JOSÉ ENRIQUE RODÓ
Fundación Editorial El Perro y La Rana.
Biblioteca Popular para los Consejos Comunales.
Serie Los Artes y los oficios


Por: Rafael Victorino Muñoz


Se considera que el modernismo, movimiento literario fundamentalmente hispanoamericano nacido a finales del siglo XIX, es el punto de partida de las vanguardias literarias surgidas posteriormente y, en consecuencia, decisiva influencia en las letras contemporáneas.
Como el primer movimiento literario nacido en nuestro continente, no es de extrañar que en el tratamiento de los temas por parte de los modernistas predomine una visión americentrista, que ya se había hecho presente en autores y pensadores como Bello, Rodríguez, el mismo Bolívar. En los modernistas esto iba a la par con una revolución de la forma, aunque algunas veces degeneró en un preciosismo extremo.
El término modernismo fue propuesto por el gran creador e impulsor de este movimiento: el poeta nicaragüense conocido como Rubén Darío. Además de él, otros escritores modernistas fueron José Martí, Leopoldo Lugones; el movimiento pasó a Europa, de allí que se hable de escritores modernistas españoles, como Valle- Inclán y Juan Ramón Jiménez; en nuestro país, se puede mencionar a Manuel Díaz Rodríguez.
Otra de las emblemáticas figuras del modernismo fue José Enrique Rodó, uruguayo, nacido en Montevideo en el año de 1871. Además de escritor, fungió como periodista y participó en política (fue diputado a Cortes por el Partido Colorado). Rodó es considerado el ensayista del modernismo por excelencia. Sus principales obras fueron Ariel (publicada originalmente en 1900) y Motivos de Proteo (de 1909), ambas están incluidas en el volumen que estamos comentando. De Motivos de Proteo sólo se incluyó una selección; Ariel sí aparece íntegra.
Ignoro la razón para proceder así. Si era por brevedad, hay otros textos de la Biblioteca Popular para los Consejos Comunales aún más extensos. En verdad, para mí, ninguna razón justifica que se mutile un texto al editarlo, ya que es el lector, cualquier lector, quien decide lo que lee y lo que va a saltarse, es su derecho y nadie debe menoscabarlo. Pero, pasemos al comentario de la obra de Rodó, aunque en esta ocasión sólo me referiré a Ariel por motivos de espacio, dejando posiblemente para después Motivos de Proteo.
Ariel es un personaje de La tempestad, de Shakespeare. En dicha obra, Ariel simboliza o encarna los valores de la sabiduría, de la civilización, de la mesura, de la belleza inclusive. En su libro, el mismo Rodó señala que Ariel: “… representa (…) la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad; es el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado en la acción, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia.” En la obra, Ariel se opone a Calibán, que es exactamente todo lo contrario.
En Ariel, Rodó se vale de la figura de un personaje: un Maestro, Próspero, es quien habla y se dirige a un grupo de estudiantes, dirigiéndose en realidad al lector, que serían las juventudes de América, en una serie de discursos exaltados y apasionados en los cuales expone sus tesis; que tienen que ver con la crítica al utilitarismo o pragmatismo, la exaltación de los valores de lo bello y lo espiritual, los problemas de la democracia, entre otros. Como pensador, Rodó atribuye gran valor a la educación, y dedica buena parte de su reflexión a este tema.
En estos discursos Rodó también propone el espiritualismo, en oposición al utilitarismo, como una forma de resistencia cultural de los países de Hispanoamérica frente al creciente dominio de EEUU, que era, en tiempos de Rodó, y sigue siendo un dominio tanto político-económico como de pensamiento, ya que las ideas que subyacen a un sistema (eso que llaman la ideología) son precisamente lo que los conquistadores desean que se implante en las naciones que invaden, y son las ideas lo primero que asimilan quienes quieren ser conquistados, los que ya están entregados. Cualquier parecido con nuestra realidad…
rafael_victorino27@yahoo.es

LAS PARADOJAS DEL CINE DE GUERRA

Por: Francisco Ardiles

¿Cuántas películas se han presentado sobre la segunda guerra mundial, en sus distintos escenarios de espanto? Muchas, y casi todas ellas son historias que en el fondo de su trama ponen en evidencia su falta de originalidad. Son incontables las que han aparecido en las últimas dos décadas en el ámbito del cine americano comercial. Debo decir que casi todas ellas han sido producidas a partir de la repetición de una fórmula predecible y fastidiosa que condena a la mudez a gran parte de los hechos que pertenece a la versión de los vencidos. Evidentemente que es insondable el campo de producción cinematográfica dedicada a la producción de historias sobre la primera y la segunda guerra en la que sólo se retratan los ganadores. La diferencia entre unas y otras sólo tiene que ver con el diseño de los uniformes, la pose melodramática de los protagonistas, los detalles de la escenografía, la banda musical y la posición de los planos de las cámaras.
En relación con los puntos en común de estos esquemas cinematográficos podemos decir que coinciden en la visión unipolar de los acontecimientos, y que en consecuencia, siempre se basan en la perspectiva del invasor, sin tomar en cuento el perfil del vencido. La entidad del texto narrativo fílmico de temática bélica, casi siempre está encarnada por un grupo de semidioses armados, superviriles, marines valientes que avanzan por la selva de Vietnam, Corea, el Salvador o Colombia, el desierto de Irak, o las escarpadas y áridas colinas de Afganistán con la foto de sus madres, sus novias o sus hijos escondida en medio de la cartera. También suelen guardar un relicario que a manera de talismán, les dejó el cura de algún pueblo del sur para darse ánimos en los momentos en los que la inspiración patriótica desfallece.
Desde hace unos cuántos años hemos visto, casi boquiabiertos, una incontable cantidad de filmes sobre la guerra que nos han confirmado que en Hollywood sobra el ruido de los efectos especiales pero no las nueces del planteamiento. Estos trabajos se sustentan sobre la estructura temática de una serie de escenas intercambiables, que pertenecen a la misma serie de filmes, cuyo único mérito, si lo tienen, se fundamenta en la compilación de efectos visuales y sonoros que hacen de una narración torpe y predecible, la versión más o menos realista de lo que pudo suceder en cierto momento de la historia.
Si solamente nos referimos al proceso histórico de La Segunda Guerra Mundial, hay tantas películas que haría falta una página infinita para completar la lista. Tenemos un conjunto trabajos con excelente fotografía, mejor sonido, arriesgados movimientos de cámara y excelentes montajes basados en el juego de los planos y contraplanos, que nos dejan con el sinsabor de un argumento inverosímil y desenlaces profundamente aburridos que ofenden el criterio del espectador. Cartas de Iwo jima (2006) de Clint Eastwood, Días de Gloria (2006) de Rai Bouchared, Directos al Infierno (2005) de Jeff Burr, El Imperio del Sol (1987) y Buscando al Soldado Ryan (1998) de Steven Spielberg, El Buen Alemán (2007) de Paul Attanasio y El Último Asalto (2001) de Billy Zane son ejemplos de películas con una magnifica ambientación, un apreciable nivel de producción, pero que sólo merecen ser vistas una vez.
En la fotografía se destacan porque el filme de guerra proviene del documental en casi todas sus facetas. El caso de la primera secuencia de la película de Spielberg, Buscando al Soldado Ryan, es inolvidable, ya que fusiona todas las potencialidades del montaje, el sonido y la fotografía en la edición de unos minutos dispuestos con una impecable maestría, equivalente a la que en su momento puso en su obra de Robert Capa. Salvando las excepciones del caso que en todos lados hay, lo que uno no soporta es que ese nivel formal de tal envergadura venga acompañado de una historia de tal disfuncionalidad argumental. La gratuidad con que se plantea la gravedad de los hechos, el infantil patriotismo y la prolijidad e innecesaria gama de escenas espectaculares en la que todo salta por los aires del bando alemán, mientras miles de balas silban alrededor de los protagonistas sin tocarles un solo hueso, dejan mucho que desear.
Es gracioso observar como muere el enemigo en cada encuentro. Es paradójico que a cada disparo haya un muerto, y que la sangre que ruede sólo sea la de aquellos que encarnan el espíritu del mal y no tienen una voz que traduzca la razón de su lucha, ni una toma que recuerde la foto de su amada.

En esta seguidilla de películas sobre la guerra, la audiencia enardece porque casi siempre termina las cotufas en el mismo momento en que triunfan los valientes de abdominales perfectos.
Juan Nuño en una de sus tantas reseñas cinematográficas, en una precisamente dedicada a la Guerra de Vietnam, plantea una idea con la que estoy completamente de acuerdo. Dice que los americanos son tan descarados al hacer películas dedicadas al tema de la guerra que tienen la osadía de ser el único ejército invasor que mientras lloriquea de nostalgia por la madre patria, mata cuanta cosa viva respira a su alrededor. La mala costumbre de su cine se basa en la autocompasión y la falta de sentido común. En esa repetida y obstinante negación total de la ambigüedad. Autocompadecerse cuando se interfiere con la política interna de un estado extranjero es un abuso. Hablan de la guerra sin escrúpulos, ese es su más evidente defecto. Las víctimas son siempre sus soldados, así se trate de una situación en la que encarnan el papel de verdugos. Esa es la idea fundamental que disfrazan en sus narraciones audiovisuales bélicas.
Son expertos en mistificar el tema de la invasión y el intervensionismo sin remordimientos. Resaltan en cada escena el lamento de sus heridos y la maldad intrínseca en los actos de defensa de sus enemigos. Las películas dedicadas a la invasión del Japón son el colmo del descaro. Jamás ponen al descubierto todas las atrocidades que pueden cometer los vencedores en las guerras. Saben que aunque eso está aclarado en los textos de historia, el cine goza de una potencia visual que es capaz de desmentir lo que dicen los libros y reescribir la versión de los hechos. Los medios audiovisuales de comunicación masiva tienen el poder de inventar lo que nunca sucedió, y desdecir lo que ya estaba aclarado, confirmado y escrito. Vean un modelo supremo de esta falsificación reiterada de la historia en la película de Clint Eastwood que fue citada anteriormente.
¿Cuántos trabajos se han hecho a lo largo de los últimos cincuenta años sobre el Holocausto y la persecución sistemática al pueblo judío? Muchos, de eso no hay duda, pero sería factible preguntarse ¿cuántas se han estrenado sobre las bombas atómicas lanzadas al Japón, o la invasión a Panamá, o repartición de Europa después de la Guerra? ¿Cuantas películas se están rodando sobre el holocausto palestino? Muy pocas supongo. Eso sucede porque las aberraciones de unos procesos sí importan y las de otros no, y porque, así nos duela, la historia nunca la cuentan los vencidos.


CUENTOS LATINOAMERICANOS SOBRE FUTBOL


Reglas de juego. Cuentos latinoamericanos sobre fútbol.
Varios autores. Año 2007. 136 pp
Monte Ávila Editores Latinoamericana. Colección Horizontes


Por Rafael Victorino Muñoz


Se asegura que el fútbol moderno como tal nació en el siglo XIX en Inglaterra, ya que allí fue donde se redactaron las primeras reglas. En el siglo XX se constituye su federación más importante, la FIFA, y comienzan a disputarse los campeonatos globales: mundiales y olímpicos. Pero el fútbol antiguo o de siempre nació en muchas partes: algunos dicen que en un juego practicado en Florencia o Venecia, durante la edad media; otros que fue en el juego de pelota de los mayas.
Me refiero al fútbol (soccer), en el que compiten dos equipos de 11 jugadores cada uno, disputando el balón con los pies para introducirlo en la portería contraria, durante dos tiempos de cuarenta y cinco minutos. Porque está también el llamado fútbol americano, practicado con una pelota ovoidal; y el fútbol sala, practicado en un campo cubierto, de dimensiones más reducidas, con equipos de cinco jugadores; y el fútbol siete, y el fútbol de playa y...
Lo cierto es que de todas las variantes antes mencionadas, el fútbol o balompié ha pasado a ser llamado el deporte rey; su campeonato mundial, celebrado cada cuatro años, es el evento más visto del planeta. El fútbol es hoy día casi una religión, una religión sin dios, o con dioses que se alternan cada temporada o cada campeonato: hoy es Lionel Messi, ayer fue Ronaldo, antes Maradona o Pelé, mañana puede ser quién sabe quién.
Ahora bien, teniendo en las manos este volumen que me lleva a todas estas reflexiones (titulado: Reglas de juego. Cuentos latinoamericanos sobre fútbol), y teniendo en cuenta todo lo antes dicho, no se puede menos que reconocer que la relación entre deporte y literatura, o la presencia del deporte en la literatura, si bien no es precisamente de las más abundantes (comparada, por ejemplo, con temas como el crimen o el amor), sí ha tenido sus grandes momentos y aciertos.
De grata recordación son los cuentos de Cortázar dedicados al boxeo: La noche de Mantequilla y el Torito; así como las incursiones de Jack London, quien en Por un bistec construye la cruel y descarnada historia del postrer combate de un boxeador fracasado y mal alimentado, ya en el ocaso de su carrera. En Venezuela, uno de los pioneros en introducir el tema del deporte en las letras fui Guillermo Meneses: en Campeones está el boxeo y el beisbol, que tiene una de las mayores aficiones en nuestro país, pero no la mayor presencia en literatura (reiterando el comentario).
Yo considero que no es sencillo escribir sobre ningún tema, y sobre el deporte quizás más aún; ya que al tratar de hacer literatura sobre el deporte, se puede correr el riesgo de caer en la anécdota de esquina o de programa televisivo, o caer en el cuento fácil del héroe callejero elevado a mito colectivo, con todos los lugares comunes y los excesos retóricos del caso. Sin embargo, siempre hay quien se aventura por esa vía incierta y trata de conjugar, con mayores o menores aciertos, esas dos grandes pasiones del alma: el deporte y las letras.
Como muestra, esta decena de textos que Monte Ávila Editores agrupa en un solo volumen: trabajos de distintos autores latinoamericanos (de Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay, Ecuador, Chile), que han escrito relatos en los que el futbol aparece ya como el centro de los acontecimientos, ya como un marco o espacio donde tienen lugar los hechos, ya en relación con otros temas, como el amor, la muerte, el fracaso en la vida. De todos ellos, comentario aparte merecen para mí el de Benedetti, el de Bolaño (acaso el mejor de este volumen) y el de Soriano, que ya conocía antes pero que resistió una nueva relectura, con el mismo agrado de siempre.
Así, estos escritores ensayan sus gambetas literarias y nos chutan desde el borde mismo del área sus historias, vividas desde dentro de la cancha, en el banquillo de suplentes, desde las gradas, desde el sillón de la sala donde el fanático sufre con pasión o desencanto, tristeza o alegría, los sinsabores de la derrota y el éxtasis del gol.
rafael_victorino27@yahoo.es

REGLAS DE JUEGO
CUENTOS LATINOAMERICANOS SOBRE FÚTBOL
Textos y autores incluidos
El césped, Mario Benedetti
El final de una agonía, Edilberto Coutinho
El llanero solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes, Francisco Massiani
Fútbol, Chevige Guayke
Tito nunca más, Mempo Giardinelli
Buba, Roberto Bolaño
Recibir al campeón, Silvia Lago
La música de los domingos, Liliana Haeker