viernes, 4 de diciembre de 2009

LA ESTRATEGIA DEL CARACOL

EL BUEN CINE DE SERGIO CABRERA
PARTE I


Por: Francisco Ardiles

Sergio Cabrera es el director de cine latinoamericano contemporáneo del que se piensa hablar en esta ocasión a fin de revisar, con cierto afán de reconocimiento, algunos aspectos de su filmografía. La razones de esta selección son varias, la primera responde al interés que tenemos todos los amigos del cine de trasmitir a los lectores de este suplemento cultural parte de la fascinación que nos ha producido la experiencia de ver películas como Las águilas no cazan moscas (1994). La segunda, surge de la necesidad de motivar al público a reconocer en el trabajo de este creador parte del patrimonio cultural del continente; y la tercera, y no menos importante, poner de manifiesto la tentativa de promocionar el cine que se ha hecho en los últimos años en la región y no ha recibido la atención suficiente, por ser un cine político, denunciante, irónico, descaradamente satírico y bellamente trabajado; que se ha fijado principalmente en la realidad social que aqueja a la gente de las ciudades de este empobrecido, fantástico y contradictorio pedazo de continente. Como se puede suponer entonces, esto era algo que estaba pendiente porque es inconcebible que haya tan pocos trabajos escritos sobre las películas dedicadas a la ciudad y sus pesares, de tan destacado realizador colombiano. El cineasta que ha obtenido más reconocimientos en la historia del cine de este país y goza de mayor proyección a nivel internacional.

El cine de Sergio Cabrera me parece importante, porque parte de sus trabajos son producto de una serie de ideas que están relacionadas con los hechos que de alguna manera afectan a todos aquellos que viven en alguna ciudad de América Latina. Esa sensación de coincidencia y de contigüidad le da al espectador aguzado, la oportunidad de entender que el cine de este autor es un espectáculo comprometido a nivel formal, con el teatro y a las artes plásticas, y a nivel temático, con las paradojas de la realidad social rural y urbana de Colombia. Por eso asumo que su objetivo principal como realizador ha sido el de generar algún tipo de reflexión contextualizada en la conciencia de sus espectadores. Esta especie de estado reflexivo es motivado, en el caso particular del cine de Cabrera, por el desencadenamiento de un relato irónico cargado de referencias socioculturales concretas, por la inercia de un acuerdo tácito e incondicional que se basa en la concentración del silencio que se asume voluntariamente, cuando se entra en la oscuridad de la sala de proyección.


El sólo hecho de ir al cine, para este director, ya responde indudablemente a la necesidad de cambiar en apariencia nuestra idea del mundo, modificando la situación y las circunstancias que definen la realidad de la vida personal por un tiempo determinado. Su propuesta cinematográfica en este sentido responde a la necesidad de encontrar una forma distinta de ver el mundo, la vida, la cotidianeidad. Supone la posibilidad de transformar, modificar, reconocer una realidad particular interviniendo por un breve espacio de tiempo sus circunstancias.

Este creador del cine colombiano que nació en la ciudad de Medellín en 1950 y se graduó en filosofía y letras, pasó varios años de su vida en la República Popular China, perteneció a las guerrillas urbanas de los años setenta y estudio cine en la prestigiosa escuela de Londres, en la cual comenzó su carrera cinematográfica haciendo documentales. Durante los años que estuvo dedicado a la producción y dirección de este tipo de género del discurso fílmico, no pasó por la experiencia de los cortos de ficción y la dirección de actores. En 1988, cuando hizo sus dos primeros trabajos de ficción: Cuestión de Honor y Técnicas de Duelo, se enfrentó por primera vez a la realidad que esta involucrada a un proyecto largo de ficción. Vivir la experiencia de lo que es trabajar con actores, guionistas y dialoguistas fue para él una sorpresa inolvidable para la que no estaba preparado, un caos que depende del director para transformarse en cosmos narrativo.

La obra que lo lanzó a la fama fue aquella que lleva por título La Estrategia de Caracol (1993). Su estreno trajo consigo muchos reconocimientos. Cuatro años tardó Sergio Cabrera en completar el guión de esta historia que está basada en un artículo de prensa en el que se da cuenta de la fantástica desaparición de una casa, que terminó convertida en un caparazón en medio del casco histórico de Bogota. Hay un montón de temas que se cuelan a través de la trama de esta película, que según el mismo director, es el resultado de una mezcla de elementos dispersos que poco a poco se fueron juntando y que al final tomaron la forma heterogénea de un conjunto de vivencias personales que resumen un poco aquello del problema de la corrupción administrativa, el espíritu de la guerrilla, los ideales del partido comunista colombiano, los hallazgos de la revolución cultural china, la vida de su padre y el recuerdo de una fábula china llamada el viejo tonto que movía la montaña.

Este relato, que contaba a cada rato MaoTsetung, al parecer narra la historia de un viejo que tenía al frente una montaña que le impedía el paso hacia su casa y se atrevió a decir que la iba a quitar de en medio. Esta promesa les sonó a locura a sus vecinos, que se reían de él cada vez que le oían decir semejante disparate. Ante tales demostraciones de burla el viejo se hacía el sordo y continuaba asegurando que si él empezaba a trabajar para rebajar la montaña que le estorbaba y moría en el intento, sus hijos en seguidas se levantarían y lo imitarían, y luego los nietos y al final los nietos de sus nietos. Al final todos sus descendientes harían lo mismo que él una y otra vez, hasta morir o desaparecer por completo la montaña.

La sumatoria de todos estos elementos de tan distinta naturaleza hizo nacer una película que aborda el tema de la importancia del invento a todo nivel, de la solidaridad humana, de la libertad secuestrada, de la lucha social y de la desgracia de la injusticia de la justicia.

LA ESTRATEGIA DEL CARACOL, o el desalojo de los vecinos
Director: Sergio Cabrera
País: Colombia
Año: 1993

Módulos de promoción de la lectura y la escritura

Módulos de promoción de la lectura y la escritura (2007). Varios autores
Fundación Editorial El Perro y La Rana.
Biblioteca Popular para los Consejos Comunales. Serie Manuales

Por: Rafael Victorino Muñoz

Sea cual sea la definición que se le dé, no hay dudas de que la lectura ha pasado a tener cada vez una importancia mayor, desde el punto de vista personal y colectivo. Para el individuo, esto no sólo se refiere al hecho de que la escritura o la lectura constituyen garantías del éxito profesional o académico, sino que las mismas permiten dar respuestas a otras necesidades, más íntimas y más profundas. Gracias a la lectura entramos en contacto con las ideas, el saber y la cultura producidos por la humanidad a lo largo de su historia, así como también conocemos la vida de otros hombres y mujeres, lo que a su vez proporciona al lector información valiosa para conocerse a sí mismo.
Para los colectivos, el acceso a la lectura va a la par del acceso a sus derechos, del acceso a los bienes culturales, del ejercicio pleno de la vida en democracia. Leer es, pues, un derecho que debemos ejercer para poder ejercer otros derechos: la lectura y la escritura son medios idóneos para la participación y el ejercicio de los derechos del ciudadano. También nuestra historia (y con ella parte de nuestra identidad) está en los textos, así como nuestras leyes, normas, reglamentos, documentos legales, todo es texto escrito.
De igual modo, la participación del ciudadano no se logra sino cuando éste se expresa, cuando habla, se manifiesta. Cuando acude a los medios para informarse, pero también ve en los medios la posibilidad de expresar sus ideas, inquietudes, necesidades, suyas, de sus hijos y de su comunidad. No podemos limitar la lucha por nuestros derechos a una expresión oral, por lo que ésta tiene de efímero en el tiempo y limitado en el alcance geográfico. Es entonces necesaria la escritura.
Tomando en consideración lo trascendental de estos procesos (lectura y escritura) en la vida de las naciones, para el Estado y sus entes, así como para organizaciones como la UNESCO, entre otras, se ha hecho imperativo emanar políticas con respecto a la lectura y la escritura. En el caso específico de nuestro país, el interés del Estado lo atestiguan diversos decretos, normativas y políticas al respecto, tales como el Plan Nacional de Lectura 2002-2012 Todos por la lectura, y más recientemente el Plan revolucionario de Lectura.
Paralelamente a este interés estatal o gubernamental por la lectura, los investigadores, estudiosos y teóricos, han volcado su atención hacia esta materia. Son innumerables los libros publicados, las tesis, los artículos y ensayos aparecidos en revistas y en periódicos. Algunos llaman a gritos a la necesidad de sumarse a la causa de la lectura, otros ensayan sus opiniones al respecto o analizan algún aspecto de las diversas situaciones del proceso de lectura: la calidad de los textos o de los métodos, cómo ha sido el papel del Estado, de la escuela, de los docentes, de los padres. En buena medida se ha considerado también necesario brindar orientaciones a quienes deseen acercarse al texto o a quienes deseen coadyuvar a otros en su proceso.
Consustanciado con este interés, el presente volumen titulado Módulos de promoción de la lectura y la escritura, publicado por la Fundación Editorial El Perro y La Rana para la Biblioteca Popular para los Consejos Comunales, reúne trabajos de varios autores sobre el tema; a saber: Manual de poesía para uso de talleristas, con introducción, selección y notas de Juan Calzadilla; Módulo para talleres de expresividad literaria y poética, y Módulo para talleres de promoción de lectura de Juan Calzadilla Arreaza; y Degustando la lectura del colombiano Luis Darío Bernal Pinilla.
En estos textos se aborda la lectura y la escritura, más exactamente, la promoción de la lectura y la escritura, desde diferentes ópticas (cito la nota de contraportada): “la creación de poesía con la utilización de elementos en aparente dispersión (…), la preparación de de facilitadores en el desarrollo de la escritura (…), información introductoria a la literatura (…), otra(s) forma(s) de captar y disfrutar el acto de la lectura”.
Es oportuno recordar que la promoción de la lectura y la escritura, tanto dentro como fuera de un aula de clases, no tienen como fin la evaluación de la comprensión ni nada por el estilo, ya que esto es quizás lo que más ha contribuido con el alejamiento entre la personas y los libros. A lo sumo, lo que se busca es que haya una interacción con los textos en todo el sentido de la palabra, una interacción tan natural como la que tenemos con las películas, la música, el deporte o con cualquier otra persona.
Volviendo a la idea de inicio, si bien el ejercicio de la ciudadanía también supone independencia, dentro de los límites establecidos por las leyes, un individuo que se encuentra limitado en su conocimiento de la lengua escrita, que depende de otros para producir y para comprender un texto, es un ser vulnerable, un ser que no puede ejercer sus derechos porque no los entiende, que no puede reclamar sus derechos porque no los conoce y no sabe si otros se los arrebatan.
¿Cómo se logra esto? ¿Cómo se logra una independencia en la lectura y la escritura para ejercer la ciudadanía? La lectura y la escritura constituyen un tipo de aprendizaje que se alimenta a sí mismo: se aprende a leer en la medida que se lee, más y más, en término cualitativos y cuantitativos; se aprende a escribir en la medida que uno escribe, porque lo hace de verdad, para decir lo que piensa, lo que cree, lo que le gustaría compartir con otro. Porque la escritura es una forma de comunicación.
Sin embargo, esto no significa que la persona recorra este camino solo. Antes bien, existe la posibilidad de que otro- un mediador- le ayude a descubrir posibilidades nuevas ante el texto y con su expresión, y así descubrirse a sí mismo. Este mediador tiene que ser una persona formada tanto en las nuevas concepciones de lectura y escritura como un revolucionario a carta cabal.
Y dado que en los actuales momentos el Estado adelanta una fuerte política editorial, en relación con la publicación masiva de textos de interés colectivo así como con la promoción de los autores y autoras de la literatura venezolana, se hace indispensable la formación de un contingente de hombres y mujeres que colaboren con el proceso de formación de los lectores, ya que ante esta avalancha de textos publicados por el Estado, a veces el lector común, esa persona que por una u otra razón antes no tuvo el acceso a los libros, necesita una orientación acerca de qué leer, cómo leer, para qué leer. En tal sentido, el presente volumen viene a darnos algunas respuestas y herramientas para facilitar dicho proceso de formación de promotores y promotoras de lectura y escritura.

jueves, 3 de diciembre de 2009

CUENTOS DE OSCAR WILDE

Por Rafael Victorino Muñoz

Oscar Wilde nace en Dublín, Irlanda, Isla de Europa noroccidental, hoy dividida entre Irlanda del Norte, que forma parte del Reino Unido, y la República de Irlanda, cuya capital es la cuna de nuestro autor. El año de nacimiento es 1854, es decir, pocos años después de que el país sufriera una terrible hambruna (acaecida entre 1846 y 1848). Dicho suceso, acentuado por la crisis político religiosa que enfrenta a esta nación católica con la Inglaterra protestante, y la consecuente debacle económica del país, produjeron un movimiento migratorio, en el que se estima la salida de su población hacia Europa y América en 10 millones a lo largo de un siglo y medio, hasta la actualidad.


A pesar de que en 1800 se había firmado el Acta de Unión, en virtud de la cual Irlanda formaba parte del Reino Unido y sus diputados asistían al Parlamento británico, y a pesar del Acta de Emancipación de los católicos (1829), el pueblo irlandés siempre tuvo que soportar una política vejatoria de parte de la corona Británica. Desde la época de nacimiento de Wilde, precisamente, la idea de la independencia tomó cuerpo en organizaciones políticas de muy diversas tendencias, que han apelado a diferentes métodos de lucha para alcanzar su soberanía. Esto se logró, digamos que parcialmente, en 1921, tras varios años de actividad del Ejército Revolucionario Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés). Gran Bretaña reconoció la independencia de la República de Irlanda, aunque la isla dividida quedó entre este Estado y el territorio del Ulster, que siguió formando parte del Reino Unido, tal como señalamos al principio.

En cuanto al autor, Oscar Fingall O'Flahertie Wills, mejor conocido como Oscar Wilde, fue hijo de un médico y una escritora y vivió una infancia apacible en su natal Dublín. Posteriormente, a partir de 1874, cursa estudios en Oxford; allí recibió un reconocido premio de poesía, lo cual nos da a entender que ya para entonces había comenzado a escribir. Así, publica en periódicos y revistas sus primeros poemas. Además, desarrolla una gran actividad como conferencista en varios países (Estados Unidos, Inglaterra y Francia), exponiendo sus teorías acerca de la estética.

En 1884 contrajo matrimonio; de esta unión tuvo dos hijos. Entre 1887 y 1889 editó una revista dirigida al segmento femenino, y en 1888 publicó su libro de cuentos El príncipe feliz. A éste le siguen, El crimen de lord Arthur Saville y otros relatos, Una casa de granadas, entre otros. En 1891 recoge en un solo volumen su novela, El retrato de Dorian Gray, que anteriormente sólo había sido publicada en entregas. Wilde tuvo gran reconocimiento, tanto con sus cuentos y novela como con sus dramas, entre los que cabe mencionar Salomé y La importancia de llamarse Ernesto.

Además de su fama como escritor, también fue toda una celebridad por su personalidad excéntrica, pero no por ello falto de elegancia. Se le considera, si no el creador por lo menos el precursor de un movimiento: el dandismo. De hecho, cuando se habla de Wilde muchas veces se le define como eso, como un dandi: hombre que se distingue por su extremada elegancia y por sus costumbres y vestimenta refinadas; y de igual modo, cuando se habla del dandismo, el primer nombre que se menciona es el suyo, ya que le consideraba el árbitro de la moda, del vestir y del bueno gusto en su tiempo. Era, pues, un auténtico divo, que de vivir hoy día estaría permanentemente en la mira de los paparazzi.

Pero en 1895 el marqués de Queensberry (el padre de de lord Alfred Douglas, quien fuera amante de Wilde desde 1891), le acusó públicamente de homosexual. Wilde fue condenado a dos años de prisión. Estando allí escribe la Balada de la cárcel de Reading. Cuando culminó su encarcelamiento, y en medio del desprecio de los suyos (hasta sus hijos repudiaron de él), cambió de nombre (se hizo llamar Sebastian Melmoth) y se fue a París, ciudad en la que murió, en el año de 1900, en medio de una mala situación económica, que deterioró mucho su salud, aunada también a la bebida, a la que se aficionó mucho en sus últimos años. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. De manera póstuma, en 1905, se publicó su carta a lord Douglas, bajo el título de De profundis.

El presente volumen de El Perro y la Rana, recoge los cuentos más conocidos y recordados de Wilde. Entre ellos destacan “El príncipe feliz”, “El gigante egoísta”, “El cumpleaños de la infanta”, “El ruiseñor y la rosa”, “El famoso cohete”; y aunque algunos se considera que fueron escritos para niños, la calidad de tales textos, que pueden ser leídos por personas de cualquier edad, es lo que permite ubicar a Oscar Wilde en un sitial especial en la historia de la literatura de todos los tiempos y todos los géneros. Su estilo y lenguaje, si bien son ricos y ornamentados, propios de un esteticista como Wilde, no por eso impiden, en modo alguno, que los textos sean sencillos y fáciles de comprender aun para el lector común.

Y aun cuando el autor fue un ferviente partidario del arte por el arte, es decir, se mostraba escéptico o contrario a la creencia de que la literatura tuviera que ligarse con la política o asuntos similares, incluso escribió una serie de ensayos al respecto (Intenciones, 1891), que le convirtieron en uno de los máximos representantes de lo que se ha dado en llamar esteticismo, no por ello debe pensarse que su obra es ajena a toda preocupación social. Al contrario, se considera que en buena medida el éxito de Wilde se basa en la aguda ironía que expone en sus obras, ironía que casi siempre estuvo dedicada a criticar las hipocresías de sociedad, de su tiempo y de sus contemporáneos.

Esto se puede observar en varios de los relatos mencionados anteriormente, como El príncipe feliz o en El cumpleaños de la infanta, en los que se ponen de relieve los rasgos que Wilde atribuye a la clase burguesa o a la nobleza: desprecio por los problemas e inquietudes de las personas desposeídas; sobrevaloración de lo pragmático y lo superficial, dejando en segundo plano los sentimientos y otros valores; visión utilitaria de las personas de baja condición (sirvientes, empleados), cuya vida es menos valorada que el servicio o trabajo que realicen.
Así que sin querer, o queriéndolo, Wilde terminó siendo, pues, un crítico de su tiempo, que no sólo escribía para decir lindas mentiras disfrazadas que gustaran a los niños. Ya que debajo de cada línea suya, de cada ironía, aguda y mordaz, se esconde la visión de una persona que acaso imaginó un mundo menos injusto.


rafael_victorino27@yahoo.es

OBRAS DE OSCAR WILDE
Prosa:
El príncipe feliz
El crimen de lord Arthur Saville
El retrato de Dorian Gray
De profundis
La balada de la cárcel de Reading.
Teatro:
Salomé
El abanico de lady Windermere
Una mujer sin importancia
La importancia de llamarse Ernesto