sábado, 14 de noviembre de 2009

ENTREVISTA CON FRANCISCO ARDILES



Alfonso Molina
Francisco Ardiles (Carabobo, 1974) Poeta y ensayista. Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Ha hecho estudios de Maestría en Literatura Venezolana y Doctorado en Estudios Culturales, en la Universidad de Carabobo, institución donde practica la docencia y la investigación. Es profesor de literatura y periodismo de la Universidad “Arturo Michelena” y en la UBV, y de Filosofìa en el Upel, Maracay. Forma parte del equipo de facilitadores de la fundación Misión Cultura y de la comisión de evaluación de proyectos de cine en el Centro Nacional de Cinematografía CENAC. Ha publicado poemas, ensayos y críticas de cine en distintas revistas y periódicos en medios universitarios e intelectuales del país. Tiene dos libros publicados: Poemas para el olvido (Ed. El perro y la rana, 2007), y un conjunto de ensayos: Ensayos sin ensayar.


1- ¿Qué libro relee, qué autor?
Yo en realidad releo muy poco, pues más que un lector marcado por la influencia de dos o tres autores definitivos (me refiero a esos que en verdad fueron definitivos en mi formación: Dostoyeski, Cortazar, Nicanor Parra, Vallejo y Onetti) soy un receptor ingrato, una especie de parricida curioso, disperso, de memoria imperfecta, que sufre cotidianamente de lapsus mentales y que está obsesionado por llenar los vacíos indelebles de su archivo mental.
La industria editorial es un sistema de producción, distribución, comercialización y promoción de libros que ha perdido la noción de sus límites y cuyo horizonte es inabarcable e impredecible. Esta panacea de la cultura escrita se ha diversificado de tal manera en temas, formatos y presentaciones que se necesitarían tres vidas de ochenta años con visión 20/20, sin hijos, ni amantes, ni esposas caprichosas y mucho menos nietos alrededor, para disfrutar un poco de lo que ofrece. Por esta razón me he convertido en un adicto a las lecturas imposibles.
Cuando uno va a una librería ya no está angustiado por lo que va comprar sino por lo que no va poder leer jamás en su vida. De esta manera uno va adquiriendo libros y libros de los que lee sólo algunas páginas mientras los más queridos quedan abandonados en esta espiral del espinazo del diablo. De esto hablaba Monterroso y comparto su pesar.
Por tanto los únicos autores que releo son poetas, porque la poesía es lo que tarda menos y llenas más, y a fin de cuenta nos sirve de edulcorante espiritual, de solución paradójica, de tranca para el desvelo de las angustias metafísicas. Vuelvo a algunos autores por supuesto y de esos podría nombrar a Montejo, Sánchez Peláez, Jotamario Arveláez, Octavio Paz (tanto el ensayista como el poeta), Antonio Machado y a su heterónimo Mairena; Jaramillo Escobar, Auster, Gilberto Owen, Auden, Leon de Greif y ciertas noches a Pascal y Cioran. A ellos me une la savia de la sana envidia pues me hubiese gustado escribir algunos de sus textos. Por supuesto, ya sé que nunca lo haré.
También releo algunos pesandores contemporáneos, y si de ellos se trata, confieso que siempre revisito las páginas de Foucault, Baumant, Catoriadis y Ludovico Silva para armarme de valor y seguir dando clases. Ah también me he encariñado con Morin gracias al amigo Alejandro García Malpica. Como se ve mi inclinación a la lectura se parece mucho a la promiscuidad por eso casi nunca releo.


2- ¿Qué libro no pudo terminar y por qué?
Imagina cuántos. Esta pregunta se conecta definitivamente con la anterior. Te nombro sólo los que tuve la dicha de comenzar a leer y me gustaría terminar. Supongo que cuando lo haga me convertiré por fin en ese patentado que llaman el hombre culto. Mira la lista de los libros que leí hasta la mitad: El Ulises de Joice, Mientras Agonizo de Faulkner, La hermenéutica del Sujeto de Foucault, La memoria y el olvido de Ricoeur, Psicopatología de la vida cotidiana de Freud, Historia del siglo XX de Hossban, Las civilizaciones de Occidente de Burns (sólo leí el tomo dos), La Montaña Magica de Tomas Mann, Los mitos Griegos de Grave, La historia del cine de Gubern, Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, El hombre sin atributos de Musil y la Historia de la filosofía de Hegel; El amor en los tiempo del Cólera de García Marquez, La Eneida de Virgilio y La Divina Comedia de todos sabes quién. De esta última puedo decir con orgullo que no pude pasar del purgatorio, aunque Borges asegura que estando allí, ante semejante fastidio indefinido, se estableció en el pleno dominio del italiano. Espero vivir lo suficiente para terminar de leer estas obras pero viendo como van las cosas no creo que lo logre.


3- ¿Qué autor no le gusta?
Ese que no sabe escribir y que en vez de interesarse por la literatura pasa la vida entera, como dice la canción, en una eterna campaña de promoción egocéntrica, y te pregunta al cruzarse en tu camino ¿leíste mi libro? Y uno les contesta que sí, con el trago que te han brindado en la mano y con conciencia de chulo. Bueno ese tipo de idiota es el que me disgusta. A leguas se sabe que son malos, pero uno los lee y guarda silencio por pena ajena u obligación. En algunos casos llegan hasta el colmo de utilizar los talleres y los seminarios de los que viven para inducir a sus incautos alumnos a leerlos. Ni Vladimir Nabokov lo hizo cuando dictaba su famoso curso de Literatura Europea. Qué graciosos son. De esos especímenes hay muchos en el panorama de la literatura venezolana. Capaz que soy uno de ellos y no me he dado cuenta todavía, pero estoy pendiente, no creas, estoy pendiente.

4- De todos los lugares de su casa, ¿cuál prefiere para leer?
El baño, allí soy libre y no tengo ataduras ni compromiso. Alguien me advirtió que era muy peligroso utilizarlo como sala de lectura, pero no me he podido desprender del hábito. Si vas a mi excusado podrás disponer de libros y revistas actualizadas. No lo dudes.

5- ¿Le gusta leer fuera de su casa? ¿Cómo y en dónde?
Sí y no, depende del biorritmo lector. La lectura es una vocación, una droga, una profesión, un pasatiempo, un abuso y hasta una perdida de tiempo. Depende de cómo la asumas. Yo pienso que no hay nada mejor que un buen libro cuando se toma un trago a media tarde. Nada mejor que un libro cuando se va en autobús, cuando se está donde no quieres estar, cuando se espera sin angustia en el consultorio del dentista, o en el pasillo de un hospital, cuando se va a trincheras y se descansa con sandalias del sopor de las aguas, cuando se va tomar café en una panadería, cuando se visita a los padres los domingos. Cuando se está con un amigo al que también le gustan los libros. A unos les da por el celular y a otros por los libros. Responder al llamado es inevitable.

6- ¿Qué géneros prefiere: narrativa, ensayo o poesía?
Depende, depende del momento. Huxley tiene un libro que se llama algo así como A lo largo del camino en el que habla de eso. El dice que hay libros para todas las ocasiones, para los viajes, las temporadas en cama, los días frente a la playa, las tardes lluviosas, las noches de insomnio e incluso para la soledad. Por eso se debe tener un poco de todo. A mí me gusta mucho la novela latinoamericana contemporánea, primero porque creo que hay mucha poesía conversacional en ella, y segundo, porque usa recursos cinematográficos envidiables para conformar la estructura narrativa. Me gusta la poesía porque es lo que escribo y el ensayo porque es el género del pensamiento.

7 ¿Cuál es su autor preferido?
Los autores son como los amores. Hay unos que son inolvidables y otros pasajeros. Al final de mi adolescencia leía a Hesse con una pasión casi mística y ahora ni lo recuerdo. Luego vinieron los días de Cortazar, Machado, posteriormente Vallejo, Camus, Dostoyevski, Celine, Donoso, Unamuno, Girondo y Bukowski. Se mezcla un poco de todo en mi memoría pero pienso también en el Umbral ensayista, en Cabrujas, ah y en Bajtín, un teórico con alma de poeta.

8- ¿Hay algún verso o fragmento de libro que recuerde y repita?
Cuenta García Canclini que en la encuesta nacional de juventud que se hizo en México en el año 2005, se les propuso a un grupo de jóvenes que eligieran una frase con la que se sintieran identificados, y de entre la serie que se les presentó prefirieron ésta: El futuro es tan incierto que es mejor vivir al día. Esta frase me puso muy triste. Hoy es la que me viene a la cabeza. No sé por qué. Quizás porque la considero terrible y magnifica. De alguna manera explica tanta pasividad. Pero frases hay muchas. Si quieres unas magnificas palabras te dejo éstas de Vila-Matas: “Decir es inventar. Sea falso o cierto.”

9- ¿Qué autor le parece poco valorado?
La vida es tan injusta y hay tantos autores que si se empieza a nombrarlos se comete otro desafuero. Camilo José Cela decía que el tiempo es el mejor aliado del escritor. Lo demás es silencio y espera. Entiendo que Roque Dalton hasta hace pocos años fue un autor injustamente olvidado. Lo mismo pasó con Porfirio Barba Jacob, Aurelio Arturo y Ramos Sucre. Góngora, Cervantes y Bajtín pasaron por el mismo suplicio. Bueno, ellos no, sus libros. Manuel Machado quedó tras la sombra de su hermano y la tuberculosis, Renato Rodríguez era una leyenda nombrada por pocos hasta que le dieron el premio Nacional. Dime quién lee a Gil Fourtoul, a Guillermo Sucre, a Elí Galindo, Milagros Mata Gil, a Pablo Antonio Cuadra, a Babel, a Valle Inclán, a Parra Sandoval y a Baroja. Nadie. Onetti decía antes de morir que había que rescatar a este último. Rodrigo Parra Sandoval es uno de los grandes novelistas colombianos del momento y nunca lo he visto ni siquiera nombrado en algún seminario de Literatura Latinoamericana contemporánea. Germán Caicedo pasó por lo mismo. Yo conozco a un poeta que casi no ha publicado porque le ha faltado la ambición necesaria para hacerlo. Todos lo conocen. Se llama Fáver Paéz y es un gran autor. Ojalá publique a tiempo.


10- ¿Qué libro le hubiera gustado escribir?Un librito maravilloso de Juan José Arreola llamado Confabulario personal, otro titulado Baterbly y compañía de Enrique Vila-Matas, el de Frank Mc Court, titulado El profesor, un poema largo casi infinito como La Voz a ti debida de Pedro Salinas y un cuento como Luvina de Rulfo. Imagina qué tremendo escritor sería, viviría de feria de feria dando conferencias a las que siempre llegaría tarde, con cara de sobrado y una amante rubia, por el solo hecho de hacerme esperar.

11- ¿Con qué personaje literario se identifica?
Con muchos en realidad. Con esos perdedores, borrachos y felices de las novelas de Jorge Amado. Con esos tipos inseguros y exentos de redención de Stendhal, con los impotentes de Pavese y los eternos románticos de Conrad como Marlow. Con esos eternos resignados de Heinrich Boll. O con aquel pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo y cara de malo, el viejo truhán capitán de un barco que tuviera por bandera, un par de tibias y una carabela, del que habla Joaquín Sabina en una de sus canciones.


12. ¿Con qué libro ha llorado?
Con todos, soy un llorón. Cuando termino un libro me pongo triste. Me siento abandonado. Siempre se me han dado con facilidad los estados de ánimo extremos. Por eso me pegaban cuando era chiquito y se burlaban de mí los compañeros de colegio, porque río cuando hay que llorar y lloro cuando todos ríen. Es absurdo pero cierto.


13. Nombre tres libros con los que se ha sentido un lector agradecido.
Nombro seis mejor. Me encantan los números pares. Recuerdo haber estado agradecido al terminar Palido Fuego de Nabokov, La Cartuja de Parma de Stendhal, Residencia en la Tierra de Neruda, El lugar sin límites de Donoso, Rayuela de Cortazar y Tinta Roja de Alberto Fuguet.


14. Si usted fuese miembro de la Academia Sueca, ¿a quien le daría el Nóbel de Literatura?
En realidad no sé. Me parece una tontería leer por recomendaciones de ese tipo. El Nobel es un reconocimiento ideológico y estético. Es una suerte de lotería arbitraria, caprichosa, pero no hay duda que Bellow y Faulkner se lo merecieron, García Márquez también, Neruda, así como Coetzee y Saramago. A Borges se lo debieron haber otorgado los señores de la academia pero por razones políticas no fue así. Eso todo el mundo lo sabe, pero a estas alturas importa poco. Sartre de alguna forma lo sabía por eso lo rechazó. De todas formas todo el mundo los lee. No sé, creo que Vargas Llosa con todo y lo reaccionario que es se lo merece.

15. ¿Que libro le recomendaría a Dios?
El diccionario del diablo de Ambrose Bierce, Barrabas de Par Lagerkvist y Adios Mariquita Linda de Pedro Lemebel. 16 ¿Qué libro invitaría a leer al Diablo?
El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz y el Evangelio según Jesucristo,de Saramago, para ver si por fin se arrepiente

ANDREY ZVYAGINTSEV UN RARO CASO DEL CINE DE AUTOR

Por: Francisco Ardiles

Hay historias de cine que nos cuentan la vida de unos personajes que nos suenan complicados. Esas películas están cargadas de escenas en las que palpita eso que los dramaturgos llaman drama. Hay otras que se fijan en las historias de otro tipo de personajes que podríamos llamar superficiales, es decir, figuras completas, realizadas y productivas que sólo tienen éxito o fracasos momentáneos que al final de la trama se resuelven en una oleada de triunfos inexplicables. Estos individuos satisfechos y seguros de sí mismo viven su historia personal como una sola superficie de felicidad en la que casi no sucede nada. O al menos nada que parezca relevante. A mí me parece que una película resulta poco de interesante cuando sólo está poblada de esos seres satisfechos y anodinos, que en el fondo gozan de su acartonada presencia.





Desde mi humilde punto de vista considero que no despiertan mi interés porque carecen de corazón. También considero que si el cine parte de la necesidad de acercarse a la vida por alguna brecha atrayente e intrigante debería tener en cuenta primero que en la vida, es de la que habla, nada es fácil, ni siquiera ir al banco. Por eso, a mí personalmente me gustan los personajes difíciles y las películas que narran historias conflictivas. La película de la que les voy a hablar ahora es una de ellas. Difícil de soportar, de comprender, de compartir y por supuesto de conseguir.

Esta cinta lleva por título El regreso (2003), opera prime del director ruso nacido en Novosibirsk en 1964, ANDREY ZVYAGINTSE. La he vuelto a ver por el insomnio y he decidido comentarla de nuevo por las razones antes expuestas. El largometraje se centra en la situación más conflictiva que puede vivir un padre que se reencuentra con sus dos hijos, el ahogo, el silencio total, la absoluta separación. Lo cual refleja indudablemente la intervención de un maestro del cine de autor. Ese tipo de cine que se niega a pactar con las convenciones del cine comercial si estoy va en desmedro de un estilo de presentar los hechos inspirado y personal. En forma de cine que está en su fase terminal y da claras muestras de encontrarse en peligro de extinción, la mano del artista late en cada escena. En este caso específico esa mano se pone en evidencia al dibujar una inquietud propia de la litertura rusa.

La película no es ni árida, ni divertida, ni didáctica, ni patética en exceso. Tiene algo de pintura sin ser pintura, de música sin ser una deslumbrante sinfonía, de novela sin abusar del planteamiento psicológico, de teatro sin estatismo y la inmovilidad del encuadre y las tomas. Es mucho más y menos que eso. Se nos impone como la relación de un hombre sensible que mira determinado el paisaje. Eso explica por qué posee un brillante sentido de la utilización de la luz, una silente adecuación de los encuadres a la variabilidad emocional de las escenas. Goza de un evidente prudencia formal basada en la necesaria ubicación de las tomas y de la silenciosa raíz poética de la fotografía. Tiene, aparte de todos estos elementos antes nombrados, la firma inteligente de un director que narra sin perder de vista un hecho significativo, que no debe parecerlo.

Si tuviese que explicar el argumento esta deslumbrante pieza fílmica ¿qué se podría decir? Que cuenta lo que les sucede a dos hermanos, Andrey (Vladimir Garin) e Ivan (Ivan Dobronravov), durante tres días, cuando por la aparición de su padre (Konstantin Lavronenko), un hombre al que sólo conocen por una fotografía, salen de paseo. Este sencillo argumento, apunta hacia el tema del viaje, el tema central del cual se desprenden una serie de tópicos arquetipales que se extiende a lo largo de los cien minutos que dura el filme.

Estos tópicos subalternos logra comunicar de esta historia que sobrepasa los convencionalismos con los que se podría explicar el simple asunto convencional del paseo. Por su carácter impredecible esta es una película que nunca termina en el sentido de que sus acontecimientos derivan de los planos objetivos hacia las connotaciones subjetivas que embargan el ambiente en el que se desarrolla la historia. La cámara siempre da con la toma que percibe el interior de los gestos, de los objetos, el siempre confuso juego de las luces y las sombras que se desenvuelve en las escenas. Con el lente siempre se está mirando hacía el lado invisible y más evidente de los conflictos humanos.

Yo veo en esta pieza la influencia de Andrei Tarkosvki, otro director de cine de autor que no vivió para contarlo. Ese aire tarkosvkiano lo distingo en la obsesiva presencia connotativa de la lluvia que persigue a los personajes. También hallo en esta cinta el eco dramático del director polaco Kristov Zanuzi. Esta relación se evidencia en la sensación de angustia reprimida que se respira en todo momento y de pesadez atmosférica. Por último considera que en esta historia esta guiada por la concepción del tiempo y del espacio de Antón Chejov. Al igual que en El Jardín de los Cerezos, la tragedia que acecha a los tres personajes se acerca paulatinamente a través de los eventos que develan las fracturas que se despliegan discretamente en la relaciones familiares.

Definitivamente esas referencias no muy obvias llenan las secuencias de instantes memorables: la escena de los niños jugando futbol en el piso encharcado de un edificio abandonado, el viaje en bote de remos, la visita a un antiguo faro, la cena del reencuentro en la que se ahogan fuera de su contexto, cuatro personajes como peces agonizantes. Las escenas son tantas que podríamos seguir enumerando otras como la del pequeño que es feliz pescando sobre un árbol caído, la de un muerto echado sobre un bote parecido al tablón del cristo de Mantenga, y la terrible escena del hundimiento. Algunas otras hay que dejarlas por fuera de este comentario, no porque sean menos importantes sino por razones de respeto a los espectadores que aún no han visto la película.

Al igual que Bergman este autor pone a funcionar un estilo que aborda los campos de batalla de los afectos humanos, el último confín del amor y del recelo, las orillas afiladas del resentimiento y los golpes de la incomunicación familiar. Con la cámara se escruta el estado de tres rostros que andan como buscando la respuesta correcta a una o dos preguntas incontestables. Qué hacemos aquí juntos y para qué viajamos. Pregunta que no tienen respuesta y ante las cuales no caigo en la tentación de contestarlas porque hacerlo sería fabricar una conclusión inexistente.

La interpretación de los tres actores revela una grandiosa integración. Si uno se fija en la variedad de primeros planos de larga duración que se usan a todo lo largo y todo lo ancho del relato podrá observar unos primeros planos que duran lo necesario podrá observar la calidez de esta compenetración. Todo el guión esta montado sobre la base del el tema central de la película, la desolación. Pues es desolada la casa de la madre, desolado el comedor, el dormitorio, los caminos que recorren juntos los tres personajes. Desoladas también son las playas y la lluvia que empapa a cada momento de los escenarios. La música es hermosa pero desolada también, y esos espectadores que en el trascurso de la proyección se van contagiando y terminan tan desolados como todo lo que pasado por sus ojos, y acaban asimilando todo ese ambiente.

El orden de esta historia es lineal y estricto. Cuando se habla no se oye música sólo leves sonidos de acompañamiento, como el paso del viento, el vaivén de las de las olas, la queja del motor del carro. Cuando se oye música no hay otra cosa que el paisaje y la oscuridad matizando con sus tonos simbólicos las frases de los diálogos. Cuando se grita se grita y cuando se calla se calla. No hay punto medio sino puntos exactos, puntos y apartes. Cuando se guarda silencio, el silencio lo ocupa todo y deja que la fotografía haga el resto del trabajo.

Por esta razones y muchas más, recomiendo esta hermosa película.