viernes, 4 de diciembre de 2009

LA ESTRATEGIA DEL CARACOL

EL BUEN CINE DE SERGIO CABRERA
PARTE I


Por: Francisco Ardiles

Sergio Cabrera es el director de cine latinoamericano contemporáneo del que se piensa hablar en esta ocasión a fin de revisar, con cierto afán de reconocimiento, algunos aspectos de su filmografía. La razones de esta selección son varias, la primera responde al interés que tenemos todos los amigos del cine de trasmitir a los lectores de este suplemento cultural parte de la fascinación que nos ha producido la experiencia de ver películas como Las águilas no cazan moscas (1994). La segunda, surge de la necesidad de motivar al público a reconocer en el trabajo de este creador parte del patrimonio cultural del continente; y la tercera, y no menos importante, poner de manifiesto la tentativa de promocionar el cine que se ha hecho en los últimos años en la región y no ha recibido la atención suficiente, por ser un cine político, denunciante, irónico, descaradamente satírico y bellamente trabajado; que se ha fijado principalmente en la realidad social que aqueja a la gente de las ciudades de este empobrecido, fantástico y contradictorio pedazo de continente. Como se puede suponer entonces, esto era algo que estaba pendiente porque es inconcebible que haya tan pocos trabajos escritos sobre las películas dedicadas a la ciudad y sus pesares, de tan destacado realizador colombiano. El cineasta que ha obtenido más reconocimientos en la historia del cine de este país y goza de mayor proyección a nivel internacional.

El cine de Sergio Cabrera me parece importante, porque parte de sus trabajos son producto de una serie de ideas que están relacionadas con los hechos que de alguna manera afectan a todos aquellos que viven en alguna ciudad de América Latina. Esa sensación de coincidencia y de contigüidad le da al espectador aguzado, la oportunidad de entender que el cine de este autor es un espectáculo comprometido a nivel formal, con el teatro y a las artes plásticas, y a nivel temático, con las paradojas de la realidad social rural y urbana de Colombia. Por eso asumo que su objetivo principal como realizador ha sido el de generar algún tipo de reflexión contextualizada en la conciencia de sus espectadores. Esta especie de estado reflexivo es motivado, en el caso particular del cine de Cabrera, por el desencadenamiento de un relato irónico cargado de referencias socioculturales concretas, por la inercia de un acuerdo tácito e incondicional que se basa en la concentración del silencio que se asume voluntariamente, cuando se entra en la oscuridad de la sala de proyección.


El sólo hecho de ir al cine, para este director, ya responde indudablemente a la necesidad de cambiar en apariencia nuestra idea del mundo, modificando la situación y las circunstancias que definen la realidad de la vida personal por un tiempo determinado. Su propuesta cinematográfica en este sentido responde a la necesidad de encontrar una forma distinta de ver el mundo, la vida, la cotidianeidad. Supone la posibilidad de transformar, modificar, reconocer una realidad particular interviniendo por un breve espacio de tiempo sus circunstancias.

Este creador del cine colombiano que nació en la ciudad de Medellín en 1950 y se graduó en filosofía y letras, pasó varios años de su vida en la República Popular China, perteneció a las guerrillas urbanas de los años setenta y estudio cine en la prestigiosa escuela de Londres, en la cual comenzó su carrera cinematográfica haciendo documentales. Durante los años que estuvo dedicado a la producción y dirección de este tipo de género del discurso fílmico, no pasó por la experiencia de los cortos de ficción y la dirección de actores. En 1988, cuando hizo sus dos primeros trabajos de ficción: Cuestión de Honor y Técnicas de Duelo, se enfrentó por primera vez a la realidad que esta involucrada a un proyecto largo de ficción. Vivir la experiencia de lo que es trabajar con actores, guionistas y dialoguistas fue para él una sorpresa inolvidable para la que no estaba preparado, un caos que depende del director para transformarse en cosmos narrativo.

La obra que lo lanzó a la fama fue aquella que lleva por título La Estrategia de Caracol (1993). Su estreno trajo consigo muchos reconocimientos. Cuatro años tardó Sergio Cabrera en completar el guión de esta historia que está basada en un artículo de prensa en el que se da cuenta de la fantástica desaparición de una casa, que terminó convertida en un caparazón en medio del casco histórico de Bogota. Hay un montón de temas que se cuelan a través de la trama de esta película, que según el mismo director, es el resultado de una mezcla de elementos dispersos que poco a poco se fueron juntando y que al final tomaron la forma heterogénea de un conjunto de vivencias personales que resumen un poco aquello del problema de la corrupción administrativa, el espíritu de la guerrilla, los ideales del partido comunista colombiano, los hallazgos de la revolución cultural china, la vida de su padre y el recuerdo de una fábula china llamada el viejo tonto que movía la montaña.

Este relato, que contaba a cada rato MaoTsetung, al parecer narra la historia de un viejo que tenía al frente una montaña que le impedía el paso hacia su casa y se atrevió a decir que la iba a quitar de en medio. Esta promesa les sonó a locura a sus vecinos, que se reían de él cada vez que le oían decir semejante disparate. Ante tales demostraciones de burla el viejo se hacía el sordo y continuaba asegurando que si él empezaba a trabajar para rebajar la montaña que le estorbaba y moría en el intento, sus hijos en seguidas se levantarían y lo imitarían, y luego los nietos y al final los nietos de sus nietos. Al final todos sus descendientes harían lo mismo que él una y otra vez, hasta morir o desaparecer por completo la montaña.

La sumatoria de todos estos elementos de tan distinta naturaleza hizo nacer una película que aborda el tema de la importancia del invento a todo nivel, de la solidaridad humana, de la libertad secuestrada, de la lucha social y de la desgracia de la injusticia de la justicia.

LA ESTRATEGIA DEL CARACOL, o el desalojo de los vecinos
Director: Sergio Cabrera
País: Colombia
Año: 1993

Módulos de promoción de la lectura y la escritura

Módulos de promoción de la lectura y la escritura (2007). Varios autores
Fundación Editorial El Perro y La Rana.
Biblioteca Popular para los Consejos Comunales. Serie Manuales

Por: Rafael Victorino Muñoz

Sea cual sea la definición que se le dé, no hay dudas de que la lectura ha pasado a tener cada vez una importancia mayor, desde el punto de vista personal y colectivo. Para el individuo, esto no sólo se refiere al hecho de que la escritura o la lectura constituyen garantías del éxito profesional o académico, sino que las mismas permiten dar respuestas a otras necesidades, más íntimas y más profundas. Gracias a la lectura entramos en contacto con las ideas, el saber y la cultura producidos por la humanidad a lo largo de su historia, así como también conocemos la vida de otros hombres y mujeres, lo que a su vez proporciona al lector información valiosa para conocerse a sí mismo.
Para los colectivos, el acceso a la lectura va a la par del acceso a sus derechos, del acceso a los bienes culturales, del ejercicio pleno de la vida en democracia. Leer es, pues, un derecho que debemos ejercer para poder ejercer otros derechos: la lectura y la escritura son medios idóneos para la participación y el ejercicio de los derechos del ciudadano. También nuestra historia (y con ella parte de nuestra identidad) está en los textos, así como nuestras leyes, normas, reglamentos, documentos legales, todo es texto escrito.
De igual modo, la participación del ciudadano no se logra sino cuando éste se expresa, cuando habla, se manifiesta. Cuando acude a los medios para informarse, pero también ve en los medios la posibilidad de expresar sus ideas, inquietudes, necesidades, suyas, de sus hijos y de su comunidad. No podemos limitar la lucha por nuestros derechos a una expresión oral, por lo que ésta tiene de efímero en el tiempo y limitado en el alcance geográfico. Es entonces necesaria la escritura.
Tomando en consideración lo trascendental de estos procesos (lectura y escritura) en la vida de las naciones, para el Estado y sus entes, así como para organizaciones como la UNESCO, entre otras, se ha hecho imperativo emanar políticas con respecto a la lectura y la escritura. En el caso específico de nuestro país, el interés del Estado lo atestiguan diversos decretos, normativas y políticas al respecto, tales como el Plan Nacional de Lectura 2002-2012 Todos por la lectura, y más recientemente el Plan revolucionario de Lectura.
Paralelamente a este interés estatal o gubernamental por la lectura, los investigadores, estudiosos y teóricos, han volcado su atención hacia esta materia. Son innumerables los libros publicados, las tesis, los artículos y ensayos aparecidos en revistas y en periódicos. Algunos llaman a gritos a la necesidad de sumarse a la causa de la lectura, otros ensayan sus opiniones al respecto o analizan algún aspecto de las diversas situaciones del proceso de lectura: la calidad de los textos o de los métodos, cómo ha sido el papel del Estado, de la escuela, de los docentes, de los padres. En buena medida se ha considerado también necesario brindar orientaciones a quienes deseen acercarse al texto o a quienes deseen coadyuvar a otros en su proceso.
Consustanciado con este interés, el presente volumen titulado Módulos de promoción de la lectura y la escritura, publicado por la Fundación Editorial El Perro y La Rana para la Biblioteca Popular para los Consejos Comunales, reúne trabajos de varios autores sobre el tema; a saber: Manual de poesía para uso de talleristas, con introducción, selección y notas de Juan Calzadilla; Módulo para talleres de expresividad literaria y poética, y Módulo para talleres de promoción de lectura de Juan Calzadilla Arreaza; y Degustando la lectura del colombiano Luis Darío Bernal Pinilla.
En estos textos se aborda la lectura y la escritura, más exactamente, la promoción de la lectura y la escritura, desde diferentes ópticas (cito la nota de contraportada): “la creación de poesía con la utilización de elementos en aparente dispersión (…), la preparación de de facilitadores en el desarrollo de la escritura (…), información introductoria a la literatura (…), otra(s) forma(s) de captar y disfrutar el acto de la lectura”.
Es oportuno recordar que la promoción de la lectura y la escritura, tanto dentro como fuera de un aula de clases, no tienen como fin la evaluación de la comprensión ni nada por el estilo, ya que esto es quizás lo que más ha contribuido con el alejamiento entre la personas y los libros. A lo sumo, lo que se busca es que haya una interacción con los textos en todo el sentido de la palabra, una interacción tan natural como la que tenemos con las películas, la música, el deporte o con cualquier otra persona.
Volviendo a la idea de inicio, si bien el ejercicio de la ciudadanía también supone independencia, dentro de los límites establecidos por las leyes, un individuo que se encuentra limitado en su conocimiento de la lengua escrita, que depende de otros para producir y para comprender un texto, es un ser vulnerable, un ser que no puede ejercer sus derechos porque no los entiende, que no puede reclamar sus derechos porque no los conoce y no sabe si otros se los arrebatan.
¿Cómo se logra esto? ¿Cómo se logra una independencia en la lectura y la escritura para ejercer la ciudadanía? La lectura y la escritura constituyen un tipo de aprendizaje que se alimenta a sí mismo: se aprende a leer en la medida que se lee, más y más, en término cualitativos y cuantitativos; se aprende a escribir en la medida que uno escribe, porque lo hace de verdad, para decir lo que piensa, lo que cree, lo que le gustaría compartir con otro. Porque la escritura es una forma de comunicación.
Sin embargo, esto no significa que la persona recorra este camino solo. Antes bien, existe la posibilidad de que otro- un mediador- le ayude a descubrir posibilidades nuevas ante el texto y con su expresión, y así descubrirse a sí mismo. Este mediador tiene que ser una persona formada tanto en las nuevas concepciones de lectura y escritura como un revolucionario a carta cabal.
Y dado que en los actuales momentos el Estado adelanta una fuerte política editorial, en relación con la publicación masiva de textos de interés colectivo así como con la promoción de los autores y autoras de la literatura venezolana, se hace indispensable la formación de un contingente de hombres y mujeres que colaboren con el proceso de formación de los lectores, ya que ante esta avalancha de textos publicados por el Estado, a veces el lector común, esa persona que por una u otra razón antes no tuvo el acceso a los libros, necesita una orientación acerca de qué leer, cómo leer, para qué leer. En tal sentido, el presente volumen viene a darnos algunas respuestas y herramientas para facilitar dicho proceso de formación de promotores y promotoras de lectura y escritura.

jueves, 3 de diciembre de 2009

CUENTOS DE OSCAR WILDE

Por Rafael Victorino Muñoz

Oscar Wilde nace en Dublín, Irlanda, Isla de Europa noroccidental, hoy dividida entre Irlanda del Norte, que forma parte del Reino Unido, y la República de Irlanda, cuya capital es la cuna de nuestro autor. El año de nacimiento es 1854, es decir, pocos años después de que el país sufriera una terrible hambruna (acaecida entre 1846 y 1848). Dicho suceso, acentuado por la crisis político religiosa que enfrenta a esta nación católica con la Inglaterra protestante, y la consecuente debacle económica del país, produjeron un movimiento migratorio, en el que se estima la salida de su población hacia Europa y América en 10 millones a lo largo de un siglo y medio, hasta la actualidad.


A pesar de que en 1800 se había firmado el Acta de Unión, en virtud de la cual Irlanda formaba parte del Reino Unido y sus diputados asistían al Parlamento británico, y a pesar del Acta de Emancipación de los católicos (1829), el pueblo irlandés siempre tuvo que soportar una política vejatoria de parte de la corona Británica. Desde la época de nacimiento de Wilde, precisamente, la idea de la independencia tomó cuerpo en organizaciones políticas de muy diversas tendencias, que han apelado a diferentes métodos de lucha para alcanzar su soberanía. Esto se logró, digamos que parcialmente, en 1921, tras varios años de actividad del Ejército Revolucionario Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés). Gran Bretaña reconoció la independencia de la República de Irlanda, aunque la isla dividida quedó entre este Estado y el territorio del Ulster, que siguió formando parte del Reino Unido, tal como señalamos al principio.

En cuanto al autor, Oscar Fingall O'Flahertie Wills, mejor conocido como Oscar Wilde, fue hijo de un médico y una escritora y vivió una infancia apacible en su natal Dublín. Posteriormente, a partir de 1874, cursa estudios en Oxford; allí recibió un reconocido premio de poesía, lo cual nos da a entender que ya para entonces había comenzado a escribir. Así, publica en periódicos y revistas sus primeros poemas. Además, desarrolla una gran actividad como conferencista en varios países (Estados Unidos, Inglaterra y Francia), exponiendo sus teorías acerca de la estética.

En 1884 contrajo matrimonio; de esta unión tuvo dos hijos. Entre 1887 y 1889 editó una revista dirigida al segmento femenino, y en 1888 publicó su libro de cuentos El príncipe feliz. A éste le siguen, El crimen de lord Arthur Saville y otros relatos, Una casa de granadas, entre otros. En 1891 recoge en un solo volumen su novela, El retrato de Dorian Gray, que anteriormente sólo había sido publicada en entregas. Wilde tuvo gran reconocimiento, tanto con sus cuentos y novela como con sus dramas, entre los que cabe mencionar Salomé y La importancia de llamarse Ernesto.

Además de su fama como escritor, también fue toda una celebridad por su personalidad excéntrica, pero no por ello falto de elegancia. Se le considera, si no el creador por lo menos el precursor de un movimiento: el dandismo. De hecho, cuando se habla de Wilde muchas veces se le define como eso, como un dandi: hombre que se distingue por su extremada elegancia y por sus costumbres y vestimenta refinadas; y de igual modo, cuando se habla del dandismo, el primer nombre que se menciona es el suyo, ya que le consideraba el árbitro de la moda, del vestir y del bueno gusto en su tiempo. Era, pues, un auténtico divo, que de vivir hoy día estaría permanentemente en la mira de los paparazzi.

Pero en 1895 el marqués de Queensberry (el padre de de lord Alfred Douglas, quien fuera amante de Wilde desde 1891), le acusó públicamente de homosexual. Wilde fue condenado a dos años de prisión. Estando allí escribe la Balada de la cárcel de Reading. Cuando culminó su encarcelamiento, y en medio del desprecio de los suyos (hasta sus hijos repudiaron de él), cambió de nombre (se hizo llamar Sebastian Melmoth) y se fue a París, ciudad en la que murió, en el año de 1900, en medio de una mala situación económica, que deterioró mucho su salud, aunada también a la bebida, a la que se aficionó mucho en sus últimos años. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. De manera póstuma, en 1905, se publicó su carta a lord Douglas, bajo el título de De profundis.

El presente volumen de El Perro y la Rana, recoge los cuentos más conocidos y recordados de Wilde. Entre ellos destacan “El príncipe feliz”, “El gigante egoísta”, “El cumpleaños de la infanta”, “El ruiseñor y la rosa”, “El famoso cohete”; y aunque algunos se considera que fueron escritos para niños, la calidad de tales textos, que pueden ser leídos por personas de cualquier edad, es lo que permite ubicar a Oscar Wilde en un sitial especial en la historia de la literatura de todos los tiempos y todos los géneros. Su estilo y lenguaje, si bien son ricos y ornamentados, propios de un esteticista como Wilde, no por eso impiden, en modo alguno, que los textos sean sencillos y fáciles de comprender aun para el lector común.

Y aun cuando el autor fue un ferviente partidario del arte por el arte, es decir, se mostraba escéptico o contrario a la creencia de que la literatura tuviera que ligarse con la política o asuntos similares, incluso escribió una serie de ensayos al respecto (Intenciones, 1891), que le convirtieron en uno de los máximos representantes de lo que se ha dado en llamar esteticismo, no por ello debe pensarse que su obra es ajena a toda preocupación social. Al contrario, se considera que en buena medida el éxito de Wilde se basa en la aguda ironía que expone en sus obras, ironía que casi siempre estuvo dedicada a criticar las hipocresías de sociedad, de su tiempo y de sus contemporáneos.

Esto se puede observar en varios de los relatos mencionados anteriormente, como El príncipe feliz o en El cumpleaños de la infanta, en los que se ponen de relieve los rasgos que Wilde atribuye a la clase burguesa o a la nobleza: desprecio por los problemas e inquietudes de las personas desposeídas; sobrevaloración de lo pragmático y lo superficial, dejando en segundo plano los sentimientos y otros valores; visión utilitaria de las personas de baja condición (sirvientes, empleados), cuya vida es menos valorada que el servicio o trabajo que realicen.
Así que sin querer, o queriéndolo, Wilde terminó siendo, pues, un crítico de su tiempo, que no sólo escribía para decir lindas mentiras disfrazadas que gustaran a los niños. Ya que debajo de cada línea suya, de cada ironía, aguda y mordaz, se esconde la visión de una persona que acaso imaginó un mundo menos injusto.


rafael_victorino27@yahoo.es

OBRAS DE OSCAR WILDE
Prosa:
El príncipe feliz
El crimen de lord Arthur Saville
El retrato de Dorian Gray
De profundis
La balada de la cárcel de Reading.
Teatro:
Salomé
El abanico de lady Windermere
Una mujer sin importancia
La importancia de llamarse Ernesto

sábado, 14 de noviembre de 2009

ENTREVISTA CON FRANCISCO ARDILES



Alfonso Molina
Francisco Ardiles (Carabobo, 1974) Poeta y ensayista. Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Ha hecho estudios de Maestría en Literatura Venezolana y Doctorado en Estudios Culturales, en la Universidad de Carabobo, institución donde practica la docencia y la investigación. Es profesor de literatura y periodismo de la Universidad “Arturo Michelena” y en la UBV, y de Filosofìa en el Upel, Maracay. Forma parte del equipo de facilitadores de la fundación Misión Cultura y de la comisión de evaluación de proyectos de cine en el Centro Nacional de Cinematografía CENAC. Ha publicado poemas, ensayos y críticas de cine en distintas revistas y periódicos en medios universitarios e intelectuales del país. Tiene dos libros publicados: Poemas para el olvido (Ed. El perro y la rana, 2007), y un conjunto de ensayos: Ensayos sin ensayar.


1- ¿Qué libro relee, qué autor?
Yo en realidad releo muy poco, pues más que un lector marcado por la influencia de dos o tres autores definitivos (me refiero a esos que en verdad fueron definitivos en mi formación: Dostoyeski, Cortazar, Nicanor Parra, Vallejo y Onetti) soy un receptor ingrato, una especie de parricida curioso, disperso, de memoria imperfecta, que sufre cotidianamente de lapsus mentales y que está obsesionado por llenar los vacíos indelebles de su archivo mental.
La industria editorial es un sistema de producción, distribución, comercialización y promoción de libros que ha perdido la noción de sus límites y cuyo horizonte es inabarcable e impredecible. Esta panacea de la cultura escrita se ha diversificado de tal manera en temas, formatos y presentaciones que se necesitarían tres vidas de ochenta años con visión 20/20, sin hijos, ni amantes, ni esposas caprichosas y mucho menos nietos alrededor, para disfrutar un poco de lo que ofrece. Por esta razón me he convertido en un adicto a las lecturas imposibles.
Cuando uno va a una librería ya no está angustiado por lo que va comprar sino por lo que no va poder leer jamás en su vida. De esta manera uno va adquiriendo libros y libros de los que lee sólo algunas páginas mientras los más queridos quedan abandonados en esta espiral del espinazo del diablo. De esto hablaba Monterroso y comparto su pesar.
Por tanto los únicos autores que releo son poetas, porque la poesía es lo que tarda menos y llenas más, y a fin de cuenta nos sirve de edulcorante espiritual, de solución paradójica, de tranca para el desvelo de las angustias metafísicas. Vuelvo a algunos autores por supuesto y de esos podría nombrar a Montejo, Sánchez Peláez, Jotamario Arveláez, Octavio Paz (tanto el ensayista como el poeta), Antonio Machado y a su heterónimo Mairena; Jaramillo Escobar, Auster, Gilberto Owen, Auden, Leon de Greif y ciertas noches a Pascal y Cioran. A ellos me une la savia de la sana envidia pues me hubiese gustado escribir algunos de sus textos. Por supuesto, ya sé que nunca lo haré.
También releo algunos pesandores contemporáneos, y si de ellos se trata, confieso que siempre revisito las páginas de Foucault, Baumant, Catoriadis y Ludovico Silva para armarme de valor y seguir dando clases. Ah también me he encariñado con Morin gracias al amigo Alejandro García Malpica. Como se ve mi inclinación a la lectura se parece mucho a la promiscuidad por eso casi nunca releo.


2- ¿Qué libro no pudo terminar y por qué?
Imagina cuántos. Esta pregunta se conecta definitivamente con la anterior. Te nombro sólo los que tuve la dicha de comenzar a leer y me gustaría terminar. Supongo que cuando lo haga me convertiré por fin en ese patentado que llaman el hombre culto. Mira la lista de los libros que leí hasta la mitad: El Ulises de Joice, Mientras Agonizo de Faulkner, La hermenéutica del Sujeto de Foucault, La memoria y el olvido de Ricoeur, Psicopatología de la vida cotidiana de Freud, Historia del siglo XX de Hossban, Las civilizaciones de Occidente de Burns (sólo leí el tomo dos), La Montaña Magica de Tomas Mann, Los mitos Griegos de Grave, La historia del cine de Gubern, Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, El hombre sin atributos de Musil y la Historia de la filosofía de Hegel; El amor en los tiempo del Cólera de García Marquez, La Eneida de Virgilio y La Divina Comedia de todos sabes quién. De esta última puedo decir con orgullo que no pude pasar del purgatorio, aunque Borges asegura que estando allí, ante semejante fastidio indefinido, se estableció en el pleno dominio del italiano. Espero vivir lo suficiente para terminar de leer estas obras pero viendo como van las cosas no creo que lo logre.


3- ¿Qué autor no le gusta?
Ese que no sabe escribir y que en vez de interesarse por la literatura pasa la vida entera, como dice la canción, en una eterna campaña de promoción egocéntrica, y te pregunta al cruzarse en tu camino ¿leíste mi libro? Y uno les contesta que sí, con el trago que te han brindado en la mano y con conciencia de chulo. Bueno ese tipo de idiota es el que me disgusta. A leguas se sabe que son malos, pero uno los lee y guarda silencio por pena ajena u obligación. En algunos casos llegan hasta el colmo de utilizar los talleres y los seminarios de los que viven para inducir a sus incautos alumnos a leerlos. Ni Vladimir Nabokov lo hizo cuando dictaba su famoso curso de Literatura Europea. Qué graciosos son. De esos especímenes hay muchos en el panorama de la literatura venezolana. Capaz que soy uno de ellos y no me he dado cuenta todavía, pero estoy pendiente, no creas, estoy pendiente.

4- De todos los lugares de su casa, ¿cuál prefiere para leer?
El baño, allí soy libre y no tengo ataduras ni compromiso. Alguien me advirtió que era muy peligroso utilizarlo como sala de lectura, pero no me he podido desprender del hábito. Si vas a mi excusado podrás disponer de libros y revistas actualizadas. No lo dudes.

5- ¿Le gusta leer fuera de su casa? ¿Cómo y en dónde?
Sí y no, depende del biorritmo lector. La lectura es una vocación, una droga, una profesión, un pasatiempo, un abuso y hasta una perdida de tiempo. Depende de cómo la asumas. Yo pienso que no hay nada mejor que un buen libro cuando se toma un trago a media tarde. Nada mejor que un libro cuando se va en autobús, cuando se está donde no quieres estar, cuando se espera sin angustia en el consultorio del dentista, o en el pasillo de un hospital, cuando se va a trincheras y se descansa con sandalias del sopor de las aguas, cuando se va tomar café en una panadería, cuando se visita a los padres los domingos. Cuando se está con un amigo al que también le gustan los libros. A unos les da por el celular y a otros por los libros. Responder al llamado es inevitable.

6- ¿Qué géneros prefiere: narrativa, ensayo o poesía?
Depende, depende del momento. Huxley tiene un libro que se llama algo así como A lo largo del camino en el que habla de eso. El dice que hay libros para todas las ocasiones, para los viajes, las temporadas en cama, los días frente a la playa, las tardes lluviosas, las noches de insomnio e incluso para la soledad. Por eso se debe tener un poco de todo. A mí me gusta mucho la novela latinoamericana contemporánea, primero porque creo que hay mucha poesía conversacional en ella, y segundo, porque usa recursos cinematográficos envidiables para conformar la estructura narrativa. Me gusta la poesía porque es lo que escribo y el ensayo porque es el género del pensamiento.

7 ¿Cuál es su autor preferido?
Los autores son como los amores. Hay unos que son inolvidables y otros pasajeros. Al final de mi adolescencia leía a Hesse con una pasión casi mística y ahora ni lo recuerdo. Luego vinieron los días de Cortazar, Machado, posteriormente Vallejo, Camus, Dostoyevski, Celine, Donoso, Unamuno, Girondo y Bukowski. Se mezcla un poco de todo en mi memoría pero pienso también en el Umbral ensayista, en Cabrujas, ah y en Bajtín, un teórico con alma de poeta.

8- ¿Hay algún verso o fragmento de libro que recuerde y repita?
Cuenta García Canclini que en la encuesta nacional de juventud que se hizo en México en el año 2005, se les propuso a un grupo de jóvenes que eligieran una frase con la que se sintieran identificados, y de entre la serie que se les presentó prefirieron ésta: El futuro es tan incierto que es mejor vivir al día. Esta frase me puso muy triste. Hoy es la que me viene a la cabeza. No sé por qué. Quizás porque la considero terrible y magnifica. De alguna manera explica tanta pasividad. Pero frases hay muchas. Si quieres unas magnificas palabras te dejo éstas de Vila-Matas: “Decir es inventar. Sea falso o cierto.”

9- ¿Qué autor le parece poco valorado?
La vida es tan injusta y hay tantos autores que si se empieza a nombrarlos se comete otro desafuero. Camilo José Cela decía que el tiempo es el mejor aliado del escritor. Lo demás es silencio y espera. Entiendo que Roque Dalton hasta hace pocos años fue un autor injustamente olvidado. Lo mismo pasó con Porfirio Barba Jacob, Aurelio Arturo y Ramos Sucre. Góngora, Cervantes y Bajtín pasaron por el mismo suplicio. Bueno, ellos no, sus libros. Manuel Machado quedó tras la sombra de su hermano y la tuberculosis, Renato Rodríguez era una leyenda nombrada por pocos hasta que le dieron el premio Nacional. Dime quién lee a Gil Fourtoul, a Guillermo Sucre, a Elí Galindo, Milagros Mata Gil, a Pablo Antonio Cuadra, a Babel, a Valle Inclán, a Parra Sandoval y a Baroja. Nadie. Onetti decía antes de morir que había que rescatar a este último. Rodrigo Parra Sandoval es uno de los grandes novelistas colombianos del momento y nunca lo he visto ni siquiera nombrado en algún seminario de Literatura Latinoamericana contemporánea. Germán Caicedo pasó por lo mismo. Yo conozco a un poeta que casi no ha publicado porque le ha faltado la ambición necesaria para hacerlo. Todos lo conocen. Se llama Fáver Paéz y es un gran autor. Ojalá publique a tiempo.


10- ¿Qué libro le hubiera gustado escribir?Un librito maravilloso de Juan José Arreola llamado Confabulario personal, otro titulado Baterbly y compañía de Enrique Vila-Matas, el de Frank Mc Court, titulado El profesor, un poema largo casi infinito como La Voz a ti debida de Pedro Salinas y un cuento como Luvina de Rulfo. Imagina qué tremendo escritor sería, viviría de feria de feria dando conferencias a las que siempre llegaría tarde, con cara de sobrado y una amante rubia, por el solo hecho de hacerme esperar.

11- ¿Con qué personaje literario se identifica?
Con muchos en realidad. Con esos perdedores, borrachos y felices de las novelas de Jorge Amado. Con esos tipos inseguros y exentos de redención de Stendhal, con los impotentes de Pavese y los eternos románticos de Conrad como Marlow. Con esos eternos resignados de Heinrich Boll. O con aquel pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo y cara de malo, el viejo truhán capitán de un barco que tuviera por bandera, un par de tibias y una carabela, del que habla Joaquín Sabina en una de sus canciones.


12. ¿Con qué libro ha llorado?
Con todos, soy un llorón. Cuando termino un libro me pongo triste. Me siento abandonado. Siempre se me han dado con facilidad los estados de ánimo extremos. Por eso me pegaban cuando era chiquito y se burlaban de mí los compañeros de colegio, porque río cuando hay que llorar y lloro cuando todos ríen. Es absurdo pero cierto.


13. Nombre tres libros con los que se ha sentido un lector agradecido.
Nombro seis mejor. Me encantan los números pares. Recuerdo haber estado agradecido al terminar Palido Fuego de Nabokov, La Cartuja de Parma de Stendhal, Residencia en la Tierra de Neruda, El lugar sin límites de Donoso, Rayuela de Cortazar y Tinta Roja de Alberto Fuguet.


14. Si usted fuese miembro de la Academia Sueca, ¿a quien le daría el Nóbel de Literatura?
En realidad no sé. Me parece una tontería leer por recomendaciones de ese tipo. El Nobel es un reconocimiento ideológico y estético. Es una suerte de lotería arbitraria, caprichosa, pero no hay duda que Bellow y Faulkner se lo merecieron, García Márquez también, Neruda, así como Coetzee y Saramago. A Borges se lo debieron haber otorgado los señores de la academia pero por razones políticas no fue así. Eso todo el mundo lo sabe, pero a estas alturas importa poco. Sartre de alguna forma lo sabía por eso lo rechazó. De todas formas todo el mundo los lee. No sé, creo que Vargas Llosa con todo y lo reaccionario que es se lo merece.

15. ¿Que libro le recomendaría a Dios?
El diccionario del diablo de Ambrose Bierce, Barrabas de Par Lagerkvist y Adios Mariquita Linda de Pedro Lemebel. 16 ¿Qué libro invitaría a leer al Diablo?
El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz y el Evangelio según Jesucristo,de Saramago, para ver si por fin se arrepiente

ANDREY ZVYAGINTSEV UN RARO CASO DEL CINE DE AUTOR

Por: Francisco Ardiles

Hay historias de cine que nos cuentan la vida de unos personajes que nos suenan complicados. Esas películas están cargadas de escenas en las que palpita eso que los dramaturgos llaman drama. Hay otras que se fijan en las historias de otro tipo de personajes que podríamos llamar superficiales, es decir, figuras completas, realizadas y productivas que sólo tienen éxito o fracasos momentáneos que al final de la trama se resuelven en una oleada de triunfos inexplicables. Estos individuos satisfechos y seguros de sí mismo viven su historia personal como una sola superficie de felicidad en la que casi no sucede nada. O al menos nada que parezca relevante. A mí me parece que una película resulta poco de interesante cuando sólo está poblada de esos seres satisfechos y anodinos, que en el fondo gozan de su acartonada presencia.





Desde mi humilde punto de vista considero que no despiertan mi interés porque carecen de corazón. También considero que si el cine parte de la necesidad de acercarse a la vida por alguna brecha atrayente e intrigante debería tener en cuenta primero que en la vida, es de la que habla, nada es fácil, ni siquiera ir al banco. Por eso, a mí personalmente me gustan los personajes difíciles y las películas que narran historias conflictivas. La película de la que les voy a hablar ahora es una de ellas. Difícil de soportar, de comprender, de compartir y por supuesto de conseguir.

Esta cinta lleva por título El regreso (2003), opera prime del director ruso nacido en Novosibirsk en 1964, ANDREY ZVYAGINTSE. La he vuelto a ver por el insomnio y he decidido comentarla de nuevo por las razones antes expuestas. El largometraje se centra en la situación más conflictiva que puede vivir un padre que se reencuentra con sus dos hijos, el ahogo, el silencio total, la absoluta separación. Lo cual refleja indudablemente la intervención de un maestro del cine de autor. Ese tipo de cine que se niega a pactar con las convenciones del cine comercial si estoy va en desmedro de un estilo de presentar los hechos inspirado y personal. En forma de cine que está en su fase terminal y da claras muestras de encontrarse en peligro de extinción, la mano del artista late en cada escena. En este caso específico esa mano se pone en evidencia al dibujar una inquietud propia de la litertura rusa.

La película no es ni árida, ni divertida, ni didáctica, ni patética en exceso. Tiene algo de pintura sin ser pintura, de música sin ser una deslumbrante sinfonía, de novela sin abusar del planteamiento psicológico, de teatro sin estatismo y la inmovilidad del encuadre y las tomas. Es mucho más y menos que eso. Se nos impone como la relación de un hombre sensible que mira determinado el paisaje. Eso explica por qué posee un brillante sentido de la utilización de la luz, una silente adecuación de los encuadres a la variabilidad emocional de las escenas. Goza de un evidente prudencia formal basada en la necesaria ubicación de las tomas y de la silenciosa raíz poética de la fotografía. Tiene, aparte de todos estos elementos antes nombrados, la firma inteligente de un director que narra sin perder de vista un hecho significativo, que no debe parecerlo.

Si tuviese que explicar el argumento esta deslumbrante pieza fílmica ¿qué se podría decir? Que cuenta lo que les sucede a dos hermanos, Andrey (Vladimir Garin) e Ivan (Ivan Dobronravov), durante tres días, cuando por la aparición de su padre (Konstantin Lavronenko), un hombre al que sólo conocen por una fotografía, salen de paseo. Este sencillo argumento, apunta hacia el tema del viaje, el tema central del cual se desprenden una serie de tópicos arquetipales que se extiende a lo largo de los cien minutos que dura el filme.

Estos tópicos subalternos logra comunicar de esta historia que sobrepasa los convencionalismos con los que se podría explicar el simple asunto convencional del paseo. Por su carácter impredecible esta es una película que nunca termina en el sentido de que sus acontecimientos derivan de los planos objetivos hacia las connotaciones subjetivas que embargan el ambiente en el que se desarrolla la historia. La cámara siempre da con la toma que percibe el interior de los gestos, de los objetos, el siempre confuso juego de las luces y las sombras que se desenvuelve en las escenas. Con el lente siempre se está mirando hacía el lado invisible y más evidente de los conflictos humanos.

Yo veo en esta pieza la influencia de Andrei Tarkosvki, otro director de cine de autor que no vivió para contarlo. Ese aire tarkosvkiano lo distingo en la obsesiva presencia connotativa de la lluvia que persigue a los personajes. También hallo en esta cinta el eco dramático del director polaco Kristov Zanuzi. Esta relación se evidencia en la sensación de angustia reprimida que se respira en todo momento y de pesadez atmosférica. Por último considera que en esta historia esta guiada por la concepción del tiempo y del espacio de Antón Chejov. Al igual que en El Jardín de los Cerezos, la tragedia que acecha a los tres personajes se acerca paulatinamente a través de los eventos que develan las fracturas que se despliegan discretamente en la relaciones familiares.

Definitivamente esas referencias no muy obvias llenan las secuencias de instantes memorables: la escena de los niños jugando futbol en el piso encharcado de un edificio abandonado, el viaje en bote de remos, la visita a un antiguo faro, la cena del reencuentro en la que se ahogan fuera de su contexto, cuatro personajes como peces agonizantes. Las escenas son tantas que podríamos seguir enumerando otras como la del pequeño que es feliz pescando sobre un árbol caído, la de un muerto echado sobre un bote parecido al tablón del cristo de Mantenga, y la terrible escena del hundimiento. Algunas otras hay que dejarlas por fuera de este comentario, no porque sean menos importantes sino por razones de respeto a los espectadores que aún no han visto la película.

Al igual que Bergman este autor pone a funcionar un estilo que aborda los campos de batalla de los afectos humanos, el último confín del amor y del recelo, las orillas afiladas del resentimiento y los golpes de la incomunicación familiar. Con la cámara se escruta el estado de tres rostros que andan como buscando la respuesta correcta a una o dos preguntas incontestables. Qué hacemos aquí juntos y para qué viajamos. Pregunta que no tienen respuesta y ante las cuales no caigo en la tentación de contestarlas porque hacerlo sería fabricar una conclusión inexistente.

La interpretación de los tres actores revela una grandiosa integración. Si uno se fija en la variedad de primeros planos de larga duración que se usan a todo lo largo y todo lo ancho del relato podrá observar unos primeros planos que duran lo necesario podrá observar la calidez de esta compenetración. Todo el guión esta montado sobre la base del el tema central de la película, la desolación. Pues es desolada la casa de la madre, desolado el comedor, el dormitorio, los caminos que recorren juntos los tres personajes. Desoladas también son las playas y la lluvia que empapa a cada momento de los escenarios. La música es hermosa pero desolada también, y esos espectadores que en el trascurso de la proyección se van contagiando y terminan tan desolados como todo lo que pasado por sus ojos, y acaban asimilando todo ese ambiente.

El orden de esta historia es lineal y estricto. Cuando se habla no se oye música sólo leves sonidos de acompañamiento, como el paso del viento, el vaivén de las de las olas, la queja del motor del carro. Cuando se oye música no hay otra cosa que el paisaje y la oscuridad matizando con sus tonos simbólicos las frases de los diálogos. Cuando se grita se grita y cuando se calla se calla. No hay punto medio sino puntos exactos, puntos y apartes. Cuando se guarda silencio, el silencio lo ocupa todo y deja que la fotografía haga el resto del trabajo.

Por esta razones y muchas más, recomiendo esta hermosa película.